Cintura para dinamizar equipos de reflexión

driblar_EunateHace ya dos años me encargaron la impartición de un taller que tenía como objetivo trasladar las claves para la dinamización de reuniones o espacios de trabajo. Hablar de dinamizar, dinamizando, lo convertía en algo así como una “metadinamización”. Compartí el ppt aquel “Creatividad en reuniones” en Slideshare, lo tienes aquí.

Sin embargo, y a pesar del intento de pasar a palabras cómo es el mejor modo de gestionar un encuentro de personas que persigue un objetivo productivo, no me cansé de repetir que la clave está en la flexibilidad.

Rescaté hace poco la idea de la necesaria-super-flexibilidad como consecuencia de dos experiencias recientes, una desde la responsabilidad de gestionar el trabajo de un equipo de personas y otra desde la libertad que da ser una asistente más a una actividad de reflexión colectiva.

Es verdad que el conocimiento práctico de cómo llevar un grupo se consigue realmente practicando -dinamizando por un lado, y asistiendo a espacios de diferentes formatos donde eres dinamizada-. Un powerpoint no te da las claves, porque las claves de una buena dinamización tienen vida propia y en cada experiencia son diferentes. Porque en cada experiencia las personas son distintas y el objetivo también.

Asi que, como decía, hace poco me encontré ante un grupo mucho más pequeño de lo planificado, mucho más limitado en su capacidad de tomar decisiones y mucho menos rico en cuanto a los perfiles que nos parecían necesarios para conseguir el objetivo del encuentro. Y ahí, ante este escenario inesperado, no queda otra que la flexibilidad y la improvisación. O irse todo el mundo a casa, y no era el plan. Paras, respiras, recuerdas el objetivo y te dices “hay que acercarse a él todo lo posible”. Y rompes el guión dando rienda suelta a lo espontáneo. Resultado: ni tan mal.

Tengo claro que el guión de una sesión de trabajo donde es necesario que surja la participación y la creatividad es primordial, yo le dedico mucho tiempo a imaginarme los tiempos, las tareas y los ritmos que surgirán. Pero poca veces se acaba cumpliendo. Porque las personas somos impredecibles, no siempre sabemos hacia dónde girará la conversación ni si se producirá esa chispa mágica que pone a las personas al servicio del objetivo común. Puedes intuir cosas, pero en muchas ocasiones la realidad supera la ficción.

Y en estas estaba yo cuando asistí a una jornada en la que los tiempos se dividían entre un primer bloque de ponencias y un segundo bloque de trabajo en grupos. Y se juntó un poco todo: una explicación un poco liosa de la dinámica que íbamos a seguir, pocas personas para que el tipo de juego fuera interesante, cierta desmotivación inicial de las personas a seguir ese patrón, una persona muy complicada dentro del grupo, poco tiempo para conseguir algo con fundamento, prisas… El ambiente no era muy propicio y era algo muy evidente. Tanto era así que varias personas propusieron un cambio radical del guión: tan radical como no seguirlo.

Había dos personas responsables de la dinámica. Ninguna de ellas hizo ademán de empatía para con las personas que estábamos allí presentes ni ademán de comprensión para las diferentes razones dadas. Yo me quedé en un segundo plano, con serias tentaciones por plantarme en el medio y dar la solución: redirigir el guión y la dinámica a algo más cercano a lo que las personas podían estar buscando. Pero me contuve.

Al final, una voz autoritaria dijo “lo vamos a hacer así porque está pensado así”. Olé, olé y olé, pensé.

Y efectivamente, así se hizo. Porque donde manda patrón no manda marinero. Y a la chita callando, no se volvió a oir ni mú.

No voy a destripar el final. Estuvimos, pero sin estar. O yo, por lo menos, me sentí distanciada de lo que allí vivimos e hicimos.

No solo no hubo flexibilidad sino que hubo rigidez. En contextos rígidos, controlados y fríos el conocimiento no fluye. Y lo que fluye, puede estar bien para cumplir unos mínimos pero no para conseguir que el tiempo invertido en una reflexión colectiva sea vivido como rentable o provechoso. Y esto también es conveniente.

Y sin más. Que cada vez que veo aquel powerpoint de hace dos años me pongo mala. No traslada a quien lo lee la conveniencia de tener cintura, de driblar, de regatear, de esquivar lo que tienes delante si es que no está a tu favor.

Pero claro, no sé cómo explicarlo con palabras….

 

(Foto: web athletic-club.net)

 

 

1 comentario
  1. Izaskun says:

    Que razón tienes Silvia. Leyendo tu experiencia y reflexiones se me ocurre que algunas “dinámicas participativas” no siempre son dinámicas ni participativas. A veces, la dinámica es el fin (no el instrumento) así que te encuentras dentro de ella preguntándote…. y todo esto para qué era? Otras veces, no hay adhesión del público hacia la dinámica pero quien “dinamiza” se empeña en rescatar su juguete a costa de lo que sea. Me gusta lo de tener cintura (imprescindible ante lo impredecible) y añadiría que la clave es distinguir entre objetivos y herramientas. Beeeesos!

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