Contar historias

Contar historias puede ser una herramienta muy poderosa para dinamitar sin dinamita formas de ser y de trabajar que ya se han convertido en rígidas y que no nos convienen ni a nuestro espíritu ni a nuestro entorno. Contar un cuento en una organización o a un grupo de personas con un pasado común permite adentrarte en sus propios mitos, ritos y leyendas, que probablemente serán cuestiones emocionales que nos puedan explicar el por qué de su forma de ser así hoy. Trabajar este mundo de relaciones creadas a partir de experiencias compartidas -reales o no, porque los mitos, las leyendas, no siempre lo son- enriquece cualquier proceso de cambio, y hasta de innovación, ahora que tan de moda está la palabreja.

Y al hilo de todo esto, aparece en mi vida un curso introductorio sobre la PNL al que rauda y veloz me apunto, gracias a la información que me pasa un buen amigo. Gestionado por la Fundación EDE, lo impartió Iñaki Olaskoaga, psicoterapeuta y formador experto en Programación Neurolingüística. Aprovecharé otro post para hablar de este enfoque al que me atreví a denominar a priori “esotérico” (espero, Iñaki, que no te ofendiera el calificativo!). No lo volvería a hacer ahora…

Las dos sesiones de trabajo las terminó Iñaki con sendos cuentos de Nasrudín, un personaje muy popular de la cultura persa y sufí. Le agradezco a Iñaki que me trajera al presente estas historias que, junto a reafirmarme en el poder “terapeútico” de los cuentos, me acercaron de nuevo a Persia.

Antes de debatirme por cuál de los cuentos de Nasrudín optar por copiar, conviene hacer un breve recordatorio de lo que en la cultura persa supone utilizar la tradición oral para transmitir sabiduría y buenas formas de hacer. En esta época de “choque de culturas” no estaría de más saber aprovechar lo que cada cual traemos en nuestra mochila o en esa fabricación de serie que se llama “cultura a la que pertenezco”. De Irán, entre otras muchas cosas, podemos hoy traer a nuestras organizaciones y a nuestros entornos reflexiones o experiencias como las de Nasrudín. Voy a ello!

Mulá Nasrudín, personaje universal al que me atrevería a calificar casi de antihéroe. Astuto, ingenioso, pero sobre todo imposible de ser clasificado. Entre la ingenuidad y la sabiduría, nos aporta un humor fácilmente disfrutable -al acabar el cuento, aparece siempre una sonrisa en la boca, no tanto una carcajada- que nos invita, si queremos, a la reflexión. La lectura de los cuentos que protagoniza admiten distintos niveles de interpretación y ahí reside su potencial como herramienta para trabajar actitudes individuales o colectivas. Para trabajar “mapas”, si le hago un guiño a la PNL!

Estoy retrasando el momento de tener que elegir uno. Además, y aunque todos sean breves, el que elija no puede ser muy largo porque el post ya se está alargando más de lo recomendable… ¿Y si hiciera un Nasrudín por entregas??

Ahí va el de hoy, dedicado con cariño a cuantas personas se resisten a replantearse si sus modos de hacer son los óptimos:

EL BUEN SISTEMA

Nasrudín un día se paseó por todo el pueblo esparciendo cenizas de madera de olivo mezclada con granos de sésamo.

-¿Qué haces?-, le preguntaron sus amigos.

-¿No ven? Esparzo cenizas de madera de olivo mezcladas con gramos de sésamo.-, respondió.

-Pero, ¿para qué?-

-Es un óptimo sistema para mantener alejados a los tigres, que son fieras muy peligrosas.-

-Pero, Nasrudín, en nuestro pueblo no han existido nunca tigres.-

-¿Han visto, mis queridos amigos? ¡Mi sistema funciona perfectamente!

FOTO: Mezquita Nassir Ol-Molk, Shiraz. Irán.
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