CorporaCCión Mutante: tu empresa

La semana pasada asistí a la ponencia de Shoshana Zuboff –antigua Profesora Charles Edward Wilson de Administración de Empresas en la Harvard Business School – sobre Innovación Social que organizó la Deusto Business School –la antigua Comercial-.
Y ofreció una interpretación interesante sobre la discontinuidad en la que se encuentra en la actualidad el capitalismo y, por lo tanto, la sociedad en la que vivimos. Y empezó hablando del “Error de la predictibilidad”, según el cual las personas y las sociedades estamos programadas para creer que el futuro inmediato va a ser una prolongación del presente.El capitalismo no es predecible, ha cambiado varias veces acorde a nuestra mentalidad. Henry Ford tuvo una visión, y era que la clase media estadounidense tuviera la posibilidad de tener un coche, su famoso T. Hubo ahí un cambio de formulación del sistema de producción: de producir para una élite se pasó a la producción para masas. La masa sustituye a la élite y esa transición genera cambios no sólo productivos sino también sociales y económicos.

¿Y hoy? Pues hoy el consumo está desplazándose de nuevo y el camino que sigue es el de ir de la masa a la persona. Hoy, en la Edad del Individuo, la persona quiere poder decidir qué quiere, cómo lo quiere, dónde lo quiere, de qué modo… Quiere el control sobre el producto, pide herramientas para ello y hace elecciones según sus intereses personales. Esta autodeterminación individual es muy visual, por ejemplo, con el iPod; ya no se quiere la música tal y como lo decide una discográfica: queremos elegir qué escuchamos, dónde, en qué orden, etc. Apple es un ejemplo de empresa que ha sido consciente de esta variabilidad en el deseo de las personas y por ello ha invertido la lógica comercial: “tu música, tú decides”. Rescatan los activos de la industria discográfica, los convierten en digital y dan una vía directa al individuo para que reconfigure esos activos donde quiera y como quiera la persona.

Para este enfoque, la innovación ya no es suficiente. Es necesario cambiar el marco, crear un nuevo genoma, un nuevo ADN. Así que, más que innovación, es necesaria hoy la mutación: porque la mutación nace de un nuevo entorno y de un nuevo estilo de consumo.

La pregunta que ha de hacerse cualquier empresa que produzca es: ¿tenemos nuestros activos dentro de la organización, controlados, o los distribuimos allí donde estén las personas? ¿Le permitimos al individuo reconfigurar nuestros activos? Habrán de crearse redes alrededor del individuo, configurando un nuevo capitalismo. Habrán de darse diferentes redes de federaciones de activos –o lo que, más sencillamente, podríamos llamar “competencia colaborativa”- para que podamos darle al individuo su deseo, que no es otro que elegir la comunidad y las relaciones que más le satisfagan.

Hasta aquí lo dicho por Shoshana Zuboff. Un enfoque eminentemente económico y capitalista; es lo que hay. Ella nos habló de la innovación social a la que ha de atender una empresa si quiere sobrevivir en un mercado competitivo y cambiante.

Pero yéndome más allá de sus palabras y siguiendo sus planteamientos, se me ocurre que esa innovación social ha de dirigirse también a las formas de funcionar de una organización, no sólo en sus productos o en los servicios que presta. Si damos por hecho que las personas están mutando en sus demandas y en su consumo –autodeterminación del individuo-, quizá deberíamos preguntarnos si estamos adaptando nuestras relaciones y nuestro sistema de trabajo a esos mismos deseos, que también están presentes en sus ocho horas de trabajo diario.

Tal vez las claves de Zuboff puedan explicar los altos niveles de insatisfacción de las personas con respecto al trabajo que realizan y a las estructuras en las que se ven envueltas. Una empresa que dirija recursos “humanos” “en masa” no tendrá el mismo resultado que si propone un modelo de relaciones basado en ese deseo de autodeterminación, de libertad, de poder sentir emociones con copyright propio.

No es gratuito transitar de una orientación para un=s poc=s a un enfoque para la masa y de ahí viajar hacia la persona por la persona. Y no es inocente tampoco el cambio: no me olvido que hay dinero-consumo-capitalismo a la base de todo esto. Pero quien bautizó a las y los trabajadores de la empresa con el nombre-eufemismo-realidad de “clientes internos” no ha de olvidarse que, como clientes, pueden estar buscando en la gestión de la empresa los mismos mecanismos de funcionamiento que tiene su iPod o su ordenador –ante un TV simplemente miro, ante un ordenador estoy activ= porque voy clickando en aquello que me incita a hacerlo-.

Los motivos, emociones, deseos que mueven a las personas viajan con ellas, son su mochila. Y la gestión de una empresa no debería de intentar cambiar ese equipaje; muchas lo intentan. Es suficiente con dedicarle un tiempo a re-conocerlo, a identificarlo, y a ver cómo puedo adaptar mi realidad, mi empresa, mis normas, mis procesos productivos y de servicios, para acomodarme a todo ello. Además, en el fondo no somos tan diferentes: hay a quien le gusta el heavy metal y hay quien prefiere la música clásica. Pero seguro que tod=s quieren ser y sentirse libres para escuchar y bailar aquello qué más les apetezca en cada momento.

¿Tu empresa es un iPod o un CD de 14 pistas?

2 comentarios
  1. Anonymous says:

    Tienes mucha razón Silvia, hoy más que nunca hay que intentar que cada uno configure el ipod de su trabajo como mejor le venga a su vida, sus gustos, sus intereses, sus objetivos. No es tan dificil si hay un poco de voluntad por todas las partes implicadas y los resultados mejorarían notablemente. Te lo aseguro.
    Mertxe

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  2. ncuentra_silvia says:

    Gracias Mertxe por pasarte por aquí. Lo verdaderamente trágico es que pasa desapercibido que todas las partes implicadas tienen la posibilidad de configurar su propio ipod, incluso aquellas personas que sólo juegan a decirle a otras lo que tienen que escuchar! Sería algo asì como que no se quiere ver el ipod ni en el ojo ajeno ni el propio. ¿Resistencia/miedo al cambio?

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