Crónica de un Taller para Transformar (Cap.2/4)

Segunda sesión del Taller. Y tocaba navegar por los conceptos, así que “Taller no apto para alérgic=s a las discusiones conceptuales”. No había carteles a la puerta avisando!

Flotan en el ambiente las acepciones aprender y aprehender, revelar y rebelar… Y así llegamos al concepto de Consultoría Conceptual, que no parece ser otra cosa que descender al campo de los significados de las palabras, llegar a hurgar en las concepciones que se encuentran a la base y alrededor de nuestra intervención como consultor=s. No se trata de aleccionar; basta con invitar a hablar de lo profundo, sirve con aprender -aprehender- elementos valiosos de ámbitos vitales interrelacionados.

Surge la tentación de tirar las herramientas a la basura, por si resultara que ya no sirven. Pero para tranquilidad del personal, podremos seguir utilizando metodologías varias -suspiros de alivio flotan en el aire!-, pero eso sí: siempre que tengamos la voluntad de cuestionarnos los conceptos que están a su base, en su argumentación, siempre que tengan como objetivo llegar a lo profundo de los conceptos. Siempre que nos ayuden a movernos en la complelidad de las organizaciones, siempre que tengan la voluntad de aumentar los grados de libertad de las personas para actuar desde el deseo colaborado con otras.

Pero querer valorar esto depende de la persona, de nosotr=s, no tanto de la herramienta, creo yo…

Para este viraje resulta importante poder guardarnos la retaguardia para escapar: cuando entramos por la puerta de la organización que nos ha llamado, ya nos han colgado el rol de “resolvedor“. ¡Corre! Intenta escapar de esa etiqueta, devuélvesela -porque en realidad son esas personas las que tienen las respuestas a sus preguntas-, tú no tienes que tener el “saber supremo”. Y de hecho, no lo tienes.

Posicionarte como agente del cambio, ese es el papel que el guionista debe darnos y como actor=s debemos interpretar. Verse como elemento hacia el cambio ya trasciende al mero negocio o al mero alquiler de nuestros conocimientos. ¿Las cosas se cambian o las cambiamos? Pero vernos así hace que tengamos que desaprender nuestras formas de acercarnos o aproximarnos a la empresa. Consultoría sabelotodo. Consultoría vende-humo. Consultoría de maestr=, que sabe pero no dicta.

Ricardo-Amasté: “¿Y l=s consultor=s que no saben?” Y aquí es cuando desciendo a las profundidades del concepto, me da vértigo y con mi asma me fatigo al bucear. Quiero llegar ahí y tocar el fondo con los dedos. “El maestro juega a que no sabe pero en realidad sí sabe, y esto no sirve. Para propiciar aprendizajes tienes que conseguir generar comunicación y conversación desde el no conocimiento. Saber mucho de algo te limita a conocer realmente a las personas que tienes delante y sus necesidades”.

Y al salir…. Sólo sé que no sé nada. Y me encanta. Sin embargo, ¿creo saber?.

Mi antena tiene instalada la TDT: Taller de Desaprendizaje Total. Nos quedan dos sesiones para sintonizar los canales y poder verlos con un poco más de nitidez… Despúes, palomitas y a disfrutar!

3 comentarios
  1. Maite Darceles says:

    Muchas gracias por este post, Silvia. Se me ha puesto la sonrisa y no se me va ;-).
    El planteamiento de Ricardo que recoges al final, también fue para mí algo que me llevé para reflexión, y pensaba escribir algo con esa excusa. Pero aprovecharé la coyuntura.
    Creo que cuando sabemos mucho de algo, me refiero a un saber vivido, no a un saber “de libro”, nos cuesta mucho -a algunas personas- aceptar el hecho de no ser capaces de hacer ver a los demás, no entendemos que nuestro saber lleva detrás un recorrido y que sólo podemos ir aportando pistas para que otros vayan haciendo “su” propio recorrido.
    Cuando lo ves claro y otros no, te frustras. Solución: dejar de frustrarte, no esperar resultados inmediatos, tener paciencia, entender que lo que cuenta, más que llegar rápido a la meta, son los recorridos en los que nos enriquezcamos mutuamente…
    No se trata de no saber, sino de profundizar en el saber y en el enriquecimiento mutuo, pero aprendiendo, a su vez, a gestionar ese saber de manera que no nos frustremos y nos bloqueemos, sino que ayudemos al recorrido de otros.

    Un abrazo,
    Maite

    Responder
  2. Anonymous says:

    Egun on, Silvia:

    Muy acertada tu crónica. Es verdad, eso que comentó Ricardo me pareció muy interesante: “tener la taza vacía para que nos puedan servir más té”. De hecho, cuando se empieza a trabajar con un nuevo/a cliente/a es lo que hay que hacer, no?. Tratar de entenderle, tener la paciencia y la humildad suficientes para entender, de verdad, cuáles son sus preocupaciones.

    De todos modos, aún estando de acuerdo con esto hay que ser conscientes de que hay muchas empresas que “necesitan” un “sabeloalgo”: hay muchas muchas empresas que no saben elaborar/interpretar una Cta. de Resultados ni hacen Planificación de Tesorería, por decir algo.

    Un abrazo,

    Txema

    Responder
  3. Ricardo_AMASTE says:

    Silvia, para mi lo has clavado la verdad.
    Ahora el problema es como lo hacemos.
    Es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
    En el día a día en vez de dejarnos llevar por lo que no sabemos, nos agarramos (y muy fuerte) a lo que si. Hablamos casi siempre más de la cuenta, para ocultar inseguridades o desviar la atención sobre esas preguntas que es mejor no hacerse.
    Para reconocer que no se sabe nada, hay que saber mucho, hay que ser capaces de asumir que, nos queda tanto por aprender. Y que la fuente del conocimiento puede estar en cualquier lugar, siempre a través de la experiencia.
    Y como, siendo conscientes de nuestra barca, somos capaces de, depende de la situación, saltar de ella y bucear, cruzar con ella el río, dejarla en casa, venderla, prestarla, hundirla, ir hasta mitad del lago y pescar, ir hasta mitad del lago y gritar, montar dentro el camarote de los Hermanos Marx… Y una pregunta que se me ocurre con tanto agua y barcas ¿puede una persona que sabe nadar dejar de saber nadar? Seguro que la cuestión no es esa, sino ser consciente de que se pueden aprender otros muchos estilos, que la relación con el agua no tiene por qué limitarse a nadar, que también se puede vivr sin haber nadado nunca, etc. Y además, y quizá para mi lo más importante, cuando se quiere enseñar a nadar a otras personas, noempezar por la técnica, no tratar de que la gente “aprenda” a nadar, sino en primer lugar, que la gente tenga una experiencia con el agua, que disfrute, se integre en ese medio que no es el suyo, comprueve que es más fácil flotar que hundirse… y luego ya nadará y después, ya nadará con “estilo”, si es que tiene que hacerlo.
    Pero bueno, dejándonos de filosofías (menuda chapa!! Ja,ja), también me quedo con eso que nos dicen nuestras madres, de no hacer nada que no te gustaría que te hagan.
    Y luego, siempre es necesario alguien que te apriete las clavijas, que te obligue a cuestionarte, a dar la vuelta a tus argumentos, a mirar las cosas desde otros puntos de vista, a llevar tus argumentos más al límite de lo que tu los has llevado (como a mi el otro día me hizo Eva).
    Otra cosa con la que me quedé y que me preocupa es la variable tiempo. Es cierto que las cosas tienen su ritmo y que la prisa mata. Pero hay personas con más “urgencia”, que son es*s agentes del cambio (consultor*s o sean lo que sean), que hay que saber identificar, apoyar, empoderar…
    Tengo un amigo que no se puede permitir el lujo de esperar a que la sociedad madure y quizá se haga más tolerante, menos injusta. Para él es urgente, porque si no encuentra soluciones, quizá no pase de este invierno. Su urgencia es contagiosa, ilusionante. Hace que l*s demás también tengamos algo más de prisa. Su urgencia ahora también es mi urgencia. Se pasa de lo individual a lo colectivo, de la micropolítica al cambio social.

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