Cuando el hablar se convierte en ruido

Ayer estuve en una presentación de Newfield Consulting. Casi cuatro horas de monólogo por parte de Rafael Echeverría para hablar de la crisis del modelo actual de gestión y del funcionamiento de los equipos de alto rendimiento.
Resumiéndolo en dos ideas: (1) sobre la crisis del modelo, que esta crisis viene motivada por la transición del trabajo manual al trabajo del conocimiento, con sus consiguientes diferencias en cuanto a necesidades de las personas, expectativas, motivaciones, relaciones, etc. ; y (2) sobre lo que caracteriza a los equipos de alto rendimiento, podría resumirse en que éstos son capaces de generar conversaciones reales, ricas, basadas en la escucha de la otra parte, provechosas para todas las personas que participan en ellas. Habla Echeverría de los agentes conversacionales. (Y un amigo, al teléfono, me recuerda que ayer no hubo apenarsconversación por parte de Echeverría, por cierto).Y a mí lo que me parece es que hay mucha literatura hoy sobre el poder de la conversación, de la escucha, de la escucha activa, de la escucha emocional, de la comunicación, la verbal y la otra…. ¡Será por materiales que leer! Procesos de coaching, de supervisión, de acompañamiento, de facilitación… ¡Será por fórmulas consultoriles!

Pero luego hay algo que se nos escapa por el camino, porque todo esto que leemos, que practicamos, que aprendemos, a veces no nos cala. Y seguimos siendo los mismos perros con el mismo collar, solo que parece que ladramos más afinados.

Puede haberse convertido todo esto en una estrategia, en una herramienta más para utilizarla en la gestión de nuestros recursos -sí, recursos- humanos. Con entrenamiento parece fácil dominar nuestra lengua, pasar a las palabras ¿adecuadas? y ¿cuidadas? aquello que nos rumia cejas arriba.

¡Pero cuidado con el plumero! Se nos sigue viendo a veces… porque precisamente nos quedamos en lo superficial: en cómo llamar a las cosas y en cómo abordarlas en una conversación. Por ejemplo, los departamentos de RRHH ahora se llaman de Personas porque a alguien le hemos oído un día que lo de llamar “recursos” es políticamente incorrecto. Pero… ¿hemos adaptado nuestras políticas y modos de gestión? Porque nos podemos estar encontrando en que seguimos gestionando recursos… con corazoncito, pero recursos.

Otro ejemplo: ya no llamamos “subordinad=s” a quienes están por debajo en el dibujo jerárquico, ahora son “colaborador=s“. Y qué penica da ver cómo se trata, cual vasallaje, a veces, a est=s colaborador=s….

Le leía el otro día un post de Miquel Rodríguez, de hace algunos meses. Y titulado “¿Quiénes somos nosotros?” relata una escena casi de miedo que se vive en muchos equipos de trabajo. Alguien, tal vez después de oir a algún gurú de la consultoría, se decide a utilizar la palabra “nosotros“: “el nosotros genera sensación de pertenencia, se interiorizan objetivos grupales, las personas ven que se las tiene en cuenta…. Utiliza el nosotros cuando te refieras a tí y a tu equipo“. Este tipo de afirmaciones nos suenan, ¿verdad? Ahora lee “¿Quiénes somos nosotros?”.

En esta situación nos hemos encontrado tod=s: nos han metido en un saco en el que no queríamos estar, con malos compañer=s de saco, o con malas intenciones por parte de quien lo carga. Me viene a la mente “el hombre del saco”. !!!Y encima han utilizado el nosotros para que nos sintamos bien!!! Que no me salve nadie, que ya me salvo yo solita…

Y con todo esto quiero decir que el lenguaje es importante. O muy importante. O requete importante. Pero no ha de ser un simple maquillaje. Cuando sólo es apariencia se empeoran más las cosas porque quien está enfrente es consciente, lo queramos o no, de que las palabras están siendo usadas para manipular. Y la manipulación consciente nos hace resistentes. Y desconfiados con razón.

La conversación sí, pero bien utilizada. El lenguaje cuidado, sí, pero para bien. Y siempre, a la base de todo, acciones que sean coherentes con lo que sueltas por la boca. y con lo que haces con las manos. ¡Y qué difícil es esto para algun=s!

6 comentarios
  1. Nacho Muñoz says:

    A riesgo de enredarme a continuación yo añadiría una moraleja a tu artículo: las cosas que se dicen te comprometen a hacerlas tal y como has dicho que se hacen; si no, pierdes la confianza de quien te escucha.

    Me ha encantado este post. Gracias por compartirlo.

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  2. Maite Darceles says:

    Muchas gracias por este post, Silvia.
    La palabra crea realidad, pero hay realidades de muchos tipos, no hay una relación directa entre lo que se dice y lo que se genera.
    La palabra transforma la imagen que yo tengo de algo, no hay transformación del “algo” pero sí de la imagen que yo tengo de ese “algo”. Las imágenes que tenemos de las cosas son también reales y nos afectan, operan en la realidad.
    La palabra, el lenguaje, la conversación pueden ayudarnos también a construir conjuntamente. Y es ahí donde está, en mi opinión, el poder transformador de la palabra; en el otro plano, la palabra opera, pero no transforma, sino que es instrumentalizada.
    Claro que esto exige reconocernos mutuamente y tener la voluntad de co-operar, co-nstruir…
    Un abrazo,
    Maite

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  3. Iñaki Pérez says:

    Muy de acuerdo con muchas de las cosas que dices Silvia, mi opinión es que el poder transformador de un instrumento es en función del cambio de actitud que lleva al lado.
    No soy “hincha” del Coaching Ontológico pero llevo tiempo siguiendo la Escuela de Newfield y os puedo asegurar que la “Escucha sublime” funciona -lo he experimentado en carne propia en la realidad- pero no tiene continuidad si no se practica desde el cambio de actitud personal y propio y si es así, la palabra transforma la realidad, fundamentalmente por la carga de “valor” que se adjunta cuando va con una actitud diferente a la hora de “mirar y ver” al otro.

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  4. ncuentra_silvia says:

    @gisela, rotunda donde las haya! ;) Siempre hemos coincidido en estos temas. La falta de coherencia se ve a la legua. Que nos pille lejos, please!
    @nacho, el compromiso, ese gran palabro! Pues sí, bueno tu apunte. La confianza surge de la percepción de que el compromiso de la otra parte es sincero. Y las palabras no son suficiente.
    @maite, me gusta que hables también de las imágenes. Trabajar nuestros mapas mentales, ser conscientes de cómo los hemos construido, en base a qué, y cómo nos afectan en nuestro día a día. Para trabajarlos es preciso poner la consciencia a 1.000, atreverse a destriparlos y a reconstruirlos en función de los mapas mentales ajenos. ¡Un serrucho, por favor, para abrirnos la cabeza?
    @iñaki, no dudo de que el coaching, o cualquier otro camino, funcione. Pero como dices tú, ha de haber una voluntad de evaluación personal y de cambio si fuera necesario. Convertido en un fenómeno de moda, son muchas las personas que se han sumado al carro pero pocas las que han evolucionado en su forma de percibir, percibirse y actuar. De ahí mi escepticismo; que nuestro apoyo desde la consultoría se convierta en un conjunto de detalles “linguïsticos” al más puro estilo psicolabia.

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