El Anillo y el Jardinero

Nos dejaba Rodriguez Ibarra -sí, el de Extremadura- en El País este martes un verdadero regalo en forma de artículo -Fregonas y maletas de ruedas- que ha ido desde entonces rodando por internet. Venía a criticar a la SGAE y a todas aquellas personas que bajo el autonombre de “autoras” reivindica su autoría sobre las obras en forma de canon cada vez que sus obras sean “disfrutadas”. Y la crítica que hacía Rodriguez Ibarra es original porque compara la creación musical, la arquitectura, la escultura, etc. con la invención del trapo, el palo y las ruedas que, por ejemplo, forman parte de las fregonas y las maletas de ruedas que usamos habitualmente. A la persona a la que se le ocurrió ponerle ruedas a una maleta, ¿a que no la pagamos cada vez que usamos la maleta? ¿A que tampoco pagamos a la persona que diseñó el banco del parque cada vez que nos sentamos en él? Pues lo mismo con el resto de creaciones…

Deja una buena reflexión entre líneas sobre lo que puede considerarse cononocimiento y propiedad del conocimiento, saber, saberes, construcción del propio conocimiento, habilidades personales, etc. Y sería bueno que esta reflexión la leyeran aquellas personas que implantan o buscan implantar en una organización un sistema de Gestión del Conocimiento con todos sus procedimientos, fichas de recogida de información, identificación de procesos, y demás complementos de la casa de Barbi. Y me viene a la mente El Señor de los Anillos cuando dice eso de “Un anillo, para dominarlos a todos. Un anillo para atraerlos a todos y atarlos en la oscuridad”, y donde digo digo, digo Diego: “Un Sistema de Gestión del Conocimiento, para dominarles a tod=s. Un procedimiento para ¿atraerles? y atarles en la oscuridad”.

Quienes vivimos en la Tierra Media del mundo consultoril, a tiempo parcial entre La Comarca y la frontera izquierda de Mordor, vemos habitualmente este tipo de artilugios sustentados en grandes bases de datos en las que las personas de la organización, algunas, han tratado de identificar los conocimientos -tangibles- existentes así como un pilón de variables para “cada conocimiento” como por ejemplo: propietari= del conocimiento, fecha de adquisición, materiales o documentación que lo apoya, actividades de difusión del conocimiento, etc. Lo llaman algo así como Fichas de Análisis de Conocimientos.

Son falsas, estas fichas. O por lo menos, insuficientes. Y si no, volved al artículo de Rodriguez Ibarra. ¿Cómo saber de dónde proviene nuestro saber? ¿Cómo compartir el conocimiento que alguien tiene y que le ayuda a crear algo, una canción, un artículo, un producto, o una simple sugerencia de mejora en su empresa? Y si este intento de Gestionar Sistemáticamente el Conocimiento es insuficiente, ¿para qué gastar esfuerzo y tiempo en intentar poner en marcha un Sistema que Quiere y No Puede?

Y vuelvo al Anillo para dominarles a tod=s… Porque estos Sistemas de Gestión del Conocimiento buscan sacar un rendimiento extra al conocimiento, como si a éste pudiera exprimírsele un poco más ¡¡sin tener en cuenta a la persona que lo posee!!. Hace unas semanas, en la Taberna del Pony Pisador donde coincidimos hobbits y hombres, oí a un directivo de un organismo a mi entender importante, y que además es el responsable del Sistema de Gestión del Conocimiento de este organismo, decir en una presentación de este Sistema: “Desgraciadamente, el conocimiento se queda en la persona“. Y esto lo decía como evidencia de lo dicífil que es registrar, gestionar -y también controlar- el conocimiento de las personas. Y yo añado: sólo cuando se cree que se posee y se es propietario del trabajo que realizan las personas de la plantilla, y entre líneas se da por hecho que también se posee a las propias personas, se puede afirmar que es una desgracia no poder tocar con las manos las conexiones neuronales de las personas y los productos artesanales que surgen de estas conexiones.

Una pena, sí, no poder tener un Anillo empresarial que domine, atraiga y retenga. Porque si buceamos en la literatura que habla sobre el talento y sobre el conocimiento, nos encontramos expresiones como “atraer y retener talento”, “atraer y retener conocimiento”. ¿En algún entorno empresarial se sustituye esta frase por otra que diga “fomentar el talento”, “fomentar el conocimiento”? Es difícil oírlo, porque denota un riesgo: el riesgo de fomentar la adquisición de nuevos conocimientos en las personas que están ahora en la organización para que se fuguen a otras empresas despúes. ¡Y a empresas hasta de la competencia! Mucho riesgo…

Este directivo del que hablo, en el calor de la Taberna, decía que en su organización se había conseguido gracias a esta Gestión del Conocimiento -cuya herramienta principal eran estas fichas- sacar más rendimiento al conocimiento, lograr una mayor conexión emocional de la persona con su ocupación, aumentar la motivación, migrar hacia un modelo de gestión basado en el empowerment y la delegación, apoyar procesos de relevo, revalorizar el conocimiento disponible en las personas… Mucha literatura, en mi opinión; casi tanta como en El Señor de los Anillos.

Y hubo una última frase en aquella kedada en el Pony que yo apunté en mi cuaderno de notas con un “¿Einss?”, y decía así: “Las competencias y las habilidades son más importantes que el conocimiento”. Y repito: “¿Einss?”. Llevar a buen puerto un proceso de negociación, o formar parte de un equipo que funciona, o desarrollar una buena atención al público, o ayudar a mejorar el proceso productivo del que se forma parte… ¿es habilidad y no conocimiento? ¿es competencia y no conocimiento? ¿no hay nada de conocimiento en ello? ¡Nunca pensé en que recomendaría tan apasionadamente un artículo de Rodríguez Ibarra sobre este asunto!

Toda esta reflexión me lleva también a un post de Joan Jiménez titulado “La paradoja de Messi”. Va de lo mismo; habla del Talento y de que éste es el verdadero capital. Pero parece que contar lo mismo desde diversos horizontes no acaba calando donde tiene que calar. Así que seguiremos manteniendo tertulias acaloradas en la Taberna del Pony Pisador con los hombres que encumbran estos procedimientos y sus fichas, y las reuniones de cumplimentación de fichas, y más fichas, y más fichas….

En la Tierra Media de mi vida consultoril, en La Comarca en la que habito, se admiten pedidos sobre Conocimiento y Personas pero no sobre la Gestión del Conocimiento así entendida. Tengo varios anillos, aunque sólo los llevo de uno en uno, y creo que aún con ninguno de ellos he llegado a controlar gran cosa. Los hombres de Tierra Media, l=s directiv=s de nuestras empresas, algunas, buscan poseer El Anillo. Yo les recomiendo simplemente escuchar al jardinero Samsagaz Gamyi que tod=s llevamos dentro. Ese Yo freudiano, ese angel de la guarda llano y realista que en tiempos turbulentos camina con grandes pies de hobbit. Samsagaz tuvo en sus manos El Anillo y lo devolvió…

3 comentarios
  1. guiller says:

    Silvia, qué post tan interesante!

    Además de recibir libros como regalos (qué costumbre tan sana), sabes también encontrar en sus universos fuentes de inspiración para interpretar el mundo que habitamos, y dejarnos metáforas llenas de sentido común, llenas de sentido.

    He disfrutado mucho de este post, que dice verdades como puños. Lo marco como referencia para este 2010, para acordarme de andar con pies grandes de hobbit…

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  2. Alfonso Vázquez says:

    Muy bonito, Silvia, ¡estás hecha una artista! Aunque lo patético es que lo que dice el señor Rodríguez Ibarra “suene” original en estos tiempos. Más de siglo y medio atrás, D. Carlos había acuñado el concepto de “General Intellect”, en el famoso párrafo sobre las máquinas de los Grundisse. Os lo dejo por ahí:
    “La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ni ferrocarriles, ni telégrafos eléctricos, ni mulas mecánicas, etc. Estos son productos de la industria humana; materiales de la naturaleza transformados en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza, de la participación humana en la naturaleza. Son órganos del cerebro humano, creados por la mano humana; el poder del conocimiento, objetivado. El desarrollo del capital fijo indica hasta qué grado el conocimiento social general ha llegado a ser una fuerza directa de producción, y hasta qué grado, entonces, las condiciones del proceso de la misma vida social han quedado bajo el control del intelecto general y han sido transformadas de acuerdo con él. Hasta qué grado las potencias de la producción social han sido producidas, no sólo en la forma de conocimiento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso real de la vida.”

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  3. ncuentra_silvia says:

    @guiller: muchas gracias por tu comentario. Si mi post ayuda a que tengamos los pies más grandes -sin que ello nos impida volar más alto!- igual hasta lo patento! Ya me contarás qué ocurre a lo largo de 2010…
    @Alfonso: también son un regalo tus comentarios en mi blog. Y una pregunta que flota en el aire: ¿de dónde sacas todas esas citas, referencias bibliográficas, etc. que salplican tus intervenciones? No me digas que tienes ordenadas las neuronas por temáticas!! Tuve la oportunidad de conocer en octubre al fundador del Partido Pirata Sueco y remontaba el problema actual de la propiedad del conocimiento al surgimiento de la imprenta y su consiguiente “democratización” de contenidos, y el miedo surgido ya por aquel entonces en la Iglesia y Gobiernos que veían así perder el control sobre lo generado y por lo tanto sobre las personas. Despúes surgieron las bibliotecas públicas, y entonces fueron las editoriales las que avisaron de que con esta forma de leer sin pagar se dejaría de escribir -l=s autor=s no verían el beneficio de hacerlo, según ellas- y por lo tanto de generar conocimiento. Hoy, 2010… y seguimos con las mismas amenazas!

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