El protagonismo: efecto necesario del cambio

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Hace unos años acompañé a Ipar Kutxa en una mudanza: querían trasladarse de un estilo o cultura de empresa a otro más evolucionado y con mayor peso de sus personas. Tuve la suerte de vivir el proceso como un agente más de ese cambio y aún hoy lo recuerdo como una de las experiencias profesionales más intensas e interesantes de mi recorrido laboral.

Supuso para mí poder verle las tripas al monstruo del cambio, a ese ser tan odiado porque nos obliga a movernos y a salirnos del confort. Y supuso para mí conocer de cerca cómo ese proceso de cambio afectaba en las carnes de las personas que debían ser protagonistas –sujeto y objeto- de ese cambio. Casi unas cincuenta personas me otorgaron el privilegio de andar ese camino con ellas.

Y había de todo: personas hipermotivadas, otras con miedo. Había recelo, esperanza, escepticismo, ganas de cambiar, desconocimiento sobre cómo hacerlo, o vergüenza. Ganas de no cambiar. Retos nuevos a los que acercarse y retos de los que alejarse…

Para mí era la vida en directo, un gran hermano real que me permitió conocer, en muchas de esas personas que confiaron en mí, sus expectativas y sus miedos. Y su forma de ver y sentir el cambio. Una gozada disfrutar de su compromiso para conmigo, aun sabiendo que mi papel era de acompañamiento para que el cambio se diera.

Hoy, años después, las personas de Ipar Kutxa se encuentran dentro de la estructura de Caja Laboral. Fusión para algunas, absorción para otras. El lenguaje seguirá siempre siendo importante y dejo que sea cada una de ellas quien dé el nombre que quiera.

Y me vuelvo a acordar de todas esas personas que tuve cerca en Ipar Kutxa en aquel proceso de transformación. Hoy protagonizan un cambio mucho mayor. Y en sencillos encuentros en la calle, o en algún mail esporádico, sigo sabiendo de sus vidas.

Ya no soy agente del cambio, ya no facilito el proceso. Pero sigo intuyendo, desde la distancia, los miedos y las esperanzas. Para algunas personas, este cambio supone darle vidilla y oportunidades a su ambición profesional. Sin embargo, para otras, supone la incertidumbre de si sabrás hacerte de verdad con un hueco que “te han dejado” ocupar.

Pienso en su sentimiento de pertenencia, y me lo imagino un poco huérfano hasta que pase el tiempo y se sientan de Caja Laboral. Pienso en su posible sentimiento de desarraigo, si han pasado de pertenecer a un equipo de trabajo a convivir en otro.Pienso en las posibles incomodidades que les haya podido traer su nueva situación laboral, en cuanto a lugar de trabajo, horario, cometido…

Como digo, en breves conversaciones callejeras, siento o presiento este temor al cambio. Que es muy distinto un cambio de cultura organizacional –procesos que abarcan un tiempo de transformación continua, con una velocidad determinada, con un tiempo de adaptación colectiva…- y un cambio de organización. Conviene destacar, por lo que ello implica, que muchas de las personas de Ipar Kutxa, IK era su única referencia laboral.

Como si en aquella séptima planta siguiéramos, me gustaría enviar por estas ondas blogueras algunas de esas palabras que usamos por aquel entonces. Todas ellas de motivación, de autonocimiento, de atreverse a afrontar los retos, de comunicar con coherencia, de ser cercana, de clarificar tareas y responsabilidades, … De sentirse valientes para reivindicar el propio protagonismo que siempre tenemos en nuestras manos. Protagonismo vs. victimismo.La clave.

Me acuerdo mucho de cada vivencia y de cada persona, y periódicamente me pregunto: ¿qué será de ella?, ¿qué será de él?. No os cito una a una, pero os tengo presentes.

Hablo de pertenencia y arraigo. Y he de admitir que yo también me siento algo huérfana de mi Ipar Kutxa. En la foto aparece la que hasta hace poco ha sido mi sucursal. Y la foto la siento triste, gris. Abandono. Ya no hay marca o logo que me reciba aquí. Veo una puerta cerrada que me obligará a ir a otra. Que ya no será la misma, porque me la han cambiao.

Pero la vida es esto. Cambio. Y las organizaciones, como seres vivos que son, cambian también.
Como todo cambio de ciclo vital, es necesario un reajuste. Y las personas tenemos las herramientas necesarias para hacer ese reajuste, todas las tenemos. Sólo hay que querer atreverse a ver lo positivo que todo cambio trae.

Yo sigo con mi tiempo de luto, aún no he ido a mi nueva sucursal, ahora fucsia. Mis trámites son on-line. Pero un día tendré que acercarme a un mostrador -donde seguiré viendo alguna cara conocida, espero-, y ese día me acordaré de todas vosotras y vosotros y no me quedará otra que poner en marcha mis herramientas para ese reajuste.

Con todo mi cariño, un fuerte abrazo para devorar con ganas este nuevo proceso de cambio que protagonizáis. Y gracias por haberme dejado estar cercana en aquella primera mudanza.

(Sirva este post como aportación en la distancia al #fororedca1 sobre la gestión del cambio).

1 comentario
  1. Julen Iturbe-Ormaetxe says:

    Un detalle esta contribución al encuentro de la cuadrilla artesana ;-)
    Complejo el proceso del que hablas, sobre todo, cuando se entremezclan tantas y tantas cosas y el resultado que se va obteniendo es de considerable dimensión. Mucha tela que cortar.
    Ánimo.

    Responder

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