Interpretando el 8 de marzo

marioneta1Durante estos días se produce un boom informativo sobre aspectos relacionados con la desigualdad, la discriminación, la violencia de género, el peso de los roles sociales asignados a lo femenino y lo masculino, a lo productivo y lo reproductivo. Los perfiles de las redes sociales se llenan de imágenes de campañas de instituciones públicas, el color morado se pone de moda durante unos días, etc.

Pero en esta la sociedad de la información, sin embargo, falta interpretación.

Se suele decir que, aunque solo sean unos pocos días, está bien que se hable de una forma masiva de la igualdad de mujeres y hombres y que se hagan campañas globales. La pena es que suelen quedarse estos días en bonitas intenciones, solo para una semana al año, y que no remueven conciencias en realidad. O no todas las necesarias. El resto del año ¿qué hacemos desde nuestra individualidad para propiciar el cambio y la transformación?. Y como la respuesta que intuyo es bastante triste, me muevo estos días cercanos al 8 de marzo entre la movilización y la celebración, por necesaria, y el hartazgo o la desilusión. Porque intuyo que el mensaje bonito queda, pero que mucha gente no rasca y se queda en la superficie de su bienestar sentido.

Desde esta indefinición de sentimientos, sí me atrevo a lanzar algunos sucedidos que me han rondado estos últimos días y que alimentan mi propia necesidad de reivindicación y de interpretación:

  • Ese famoso estudio que ha salido esta semana a nivel europeo y que afirma que 1 de cada 3 mujeres europeas han sufrido violencia de género. Dato bruto, gordo, inadmisible. Pero aún así, muchas mujeres son víctimas de violencia y no lo identifican así. Se da una no-conciencia de ser violentadas, una no-conciencia de ser discriminadas u objeto de desigualdad. Y me pregunto: ¿seríamos 2/3 o 3/3 si las mujeres tuviéramos más claro qué es y qué no es violencia hacia nosotras? Los países nórdicos han salido muy mal en esta encuesta, contra toda previsión. Mi hipótesis es que la conciencia de lo que es violencia y discriminación está más trabajada y por lo tanto hay mayor conciencia de los hechos vividos.
  • La violencia en la infancia. Tal vez por mi posición de madre, pienso ahora mucho en esa violencia que sufren nuestros niños y niñas, dentro del ámbito familiar o de su entorno más cercano. Salen pocos datos -ese estudio europeo saca algún dato-, pocas estadísticas, porque es un fenómeno más que oculto tras la puerta de las casas. Y no quiero ni pensar el impacto que esa violencia, que esas violaciones, tienen en el bienestar futuro y en la autoestima de estas niñas y de estos niños. Tristemente, intuyo una mayor incidencia en ellas, también.
  • Hombres que en las fases finales de sus vidas laborales afirman -arrepentidos- haberse perdido el mundo de los cuidados y haber relegado a la familia a un segundo plano. Inadmisible. Cansina esta cantinela. Al último que se lo he oído ha sido esta semana a Iñaki Gabilondo en Viajando con Chester. Y me resulta cansina esta confesión que hacen -no hay entrega de premio al empresario del año o a toda una vida en la que no oiga este discurso- porque creo que conscientemente no han querido ver esto a lo largo de toda su vida. Y no sé si vale mucho que lo admitan al final. Quienes oyen este arrepentimiento, hombres en plenitud de su vida laboral, no se quedan con el mensaje, se quedan con el comportamiento que ven. Y el comportamiento evidencia que el trabajo está en el centro de la vida para ese hombre que ahora, desde ese sentimentalismo que se asocia a una edad avanzada, lanza un mensaje que seguramente ha querido obviar en épocas anteriores.
  • La visibilización de las mujeres que luchan y reivindican hoy la pérdida de derechos y la reconstrucción de una sociedad con taras y defectos. Las mujeres no somos pasivas, y no deberíamos serlo o no deberíamos dejar que sea creíble esa leyenda urbana. Recomiendo este proyecto artístico que podrá visitarse en Basauri estos días. Y dentro del ámbito en el que me muevo, el organizacional o empresarial, no me resisto a recordar que somos unas cuantas quienes promovemos transformaciones. Pero los gurús o los referentes o hasta la segunda división de esto, siguen siendo masculinos, sigue siendo difícil protagonizar procesos de transformación en entornos masculinos desde nuestra feminidad. Debe ser que igual no sabemos mucho de esto…
  • Datos coyunturales de un sector económico sin datos desagregados por sexo. Esta semana he consultado el Índice coyuntural del sector de la construcción que ha publicado el EUSTAT: me interesaban los indicadores de personal ocupado en este sector. Pero upss! No hay datos desagregados por sexo…
  • El feminismo competitivo. Que, por cierto, si es competitivo no habría de llamarse feminismo. No se es más o menos feminista por llevar más o menos tiempo en esto, no hay cachés. Esa igualdad de mujeres y hombres que se promulga también debería ser una igualdad entre mujeres dentro del ámbito de los feminismos y entre las propias personas feministas. Sin más: por incoherencias que veo-siento.
  • La necesidad de mover conciencias todo el año y de mover a la reflexión y la interpretación. Y aquí es donde acabo con una luz al final del túnel: recomiendo seguir el blog Doce Miradas. Es un espacio donde se re-piensan y se re-programan las relaciones de género en todos los ámbitos de la vida, me atrevo a decir. Con muchas miradas, con muchas voces, que sin duda enriquecen la necesidad de reflexionar de continuo y sobre todo. ;)

Y estas son mis pequeñas vivencias de estos días, no he querido escribir sobre grandes reflexiones ni retrotraerme al inicio de los tiempos bla bla bla grandes reivindicaciones bla bla bla. Son pensamientos que me han asaltado esta semana, y que configuran mi sentimiento hoy, ahora, en torno a este 2014  su correspondiente 8 de marzo.

Suelo recordar a Daniel Innerarity en eso que dice más o menos de que Sociedad de la información, sí, pero también Sociedad de la interpretación. A nuestro alrededor hay elementos cotidianos que precisan de ser interpretados. Y no nos enseñan a hacerlo. No hay consciencia. O no interesa que haya consciencia.

Así que Aleh! A seguir trabajando!

 

(Imagen tomada de elblogalternativo.com)

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