Juegas al 4-4-2 y pierdes. Y ¿todavía te preguntas por qué?

Hoy el fútbol ha vuelto a mi vida de consultora. Y lo ha hecho por la puerta grande y otra vez vestido de rojo-y-blanco. ¡Qué rara esta combinación de colores en mi blog! Gracias a María, Félix y Unai he podido acercarme a una forma conjunta de entender el juego y las organizaciones; porque no me cansaré de decir que del fútbol se aprende mucho, incluso tanto que los aprendizajes pueden ser exportados a cualquier otro entorno en el que haya personas y un objetivo por cumplir.
Hoy, puedo explicar que muchos entornos de trabajo son un 4-4-2: rígidos, estáticos, segurolas. Previsibles. Fáciles para quien juega sobre el césped, sin una exigencia especial en cuanto a la responsabilidad y el compromiso que hay que poner en juego. En apariencia sólido pero con poca posibilidad para la flexibilidad y el dinamismo; siempre jugando el balón en una misma dirección, con la comodidad que nos dice, además, que no es necesario cambiar de estilo o de táctica. Si las líneas se mueven y dejan un amplio espacio vacío con respecto a otras líneas. Son importantes los especialistas restringidos en un puesto. En un 4-4-2 lo importante es no perder.

La portería podría ser el lugar donde está la Dirección o la Propiedad de la empresa; entran poco en juego y desde su lugar se tiene una perspectiva privilegiada del partido mientras éste se juega. La defensa, la constituyen los mandos altos de la organización; las personas en las que más se confía desde la portería y aquellas que miran hacia el resto del equipo esperando que éste sepa jugar y que moleste lo menos posible. Juegan principalmente hacia la línea siguiente. El medio campo, por su parte, está ocupado por los mandos intermedios. Son mandos operativos que hacen, que conocen lo que pasa ahí donde se corta el bacalao. Y su tarea, también en una única dirección, es pasar trabajo a la delantera. Aquí, frente a la portería rival, tenemos a quienes han de meter goles, que es lo mismo que producir o que conseguir los resultados por los que jugamos este domingo en este campo.

Pero en el campo de fútbol, como en la vida, como en las empresas y como en otras entelequias varias, hay sitio también para emociones y para cogniciones. Para otro esquema “en estrella” alejado del 4-4-2. Hay sitio para los apoyos cercanos, para la polivalencia, para el juego entre líneas. La complejidad es natural y no hay un partido igual que otro. En un modelo como en el de la foto y que se contrapone al 4-4-2, es necesario ampliar el repertorio de respuestas que puede darnos una persona que juega en él. Es necesaria la velocidad cognitiva y la velocidad operativa. Son necesarias las respuestas complejas, y por eso no hay dos partidos iguales. El equipo rival, además, siente incertidumbre ante un equipo responsable en lo individual y en lo colectivo. Los tránsitos por dentro generan riesgo, y éste es asumido de un modo natural. El equipo es una unidad funcional: la finalidad es la progresión del jugador y, en sus pies, del balón. Este modelo que yo llamo “de estrella” busca cómo ganar.

Y no es lo mismo querer no perder que querer ganar.

Gracias María, Félix y Unai por facilitarme esta conversión en metáfora de los esquemas del juego que para vosotr=s es el día a día.

¿En las canteras y en los entrenamientos de nuestras organizaciones se dan las condiciones necesarias para que juguemos, cada día, en un sistema líquido? ¿O los organigramas y los modelos de relaciones son rígidos y sólo buscan la sencillez y la comodidad del 4-4-2? Zygmunt Bauman no jugaría con este 4-4-2. ¿Tú por qué esquema de juego ficharías?

Y sobre las emociones…. Pues que han llegado al futbol para quedarse y mostrarse. Hace unos años tal vez se buscara al hombre rudo –pienso en el futbol masculino, sorry-, fuerte, con raza. Hoy estamos asistiendo al futbol liderado por hombres con capacidad para emocionar y emocionarse. Guardiola es un ejemplo y ahora que nos viene al futbol estatal Mourinho habrá que seguir de cerca también sus métodos.

De Guardiola sabemos que utiliza fragmentos de películas –Gradiator antes de la Final de la Champions League del 2009 en Roma-, canciones en el autobús en los momentos prepartido –Viva la vida, de Coldplay-, un vídeo del rescate del himalayista Ochoa de Olza …. Hemos visto llorar a Mourinho con Materazzi, a Guardiola tras ganar el Mundial de Clubes. A Etxeberria al dejar el Athletic. Y también las campañas publicitarias de los equipos de futbol llaman a las puertas de los corazones: el Atlético que sueña más fuerte para ganar dos finales…

Y qué decir de un vídeo que, cada domingo, conseguía ponerme la piel de gallina: el rugido de Manolo Delgado Meco y el aliento de San Mamés. El himno del Athletic de los niños congoleños. Y otro vídeo para enmarcar: el de Ander, de Bilbao, aclarando que él es del Athletic CLUB de Bilbao y entonando con la voz de adulo que aún no tiene el himno del Athletic.

¿Nos estamos olvidando de las emociones en nuestros equipos de trabajo? Son las que mueven a la acción, y aun así son las grandes olvidadas/utilizadas. Los ambientes de emociones contenidas no serán nunca un escenario donde las personas se sientan con vida y con ganas de actuar.

Y hay frases tan bonitas como que “El fútbol es un estado de ánimo”. Hazme un favor: cambia en esta frase “el fútbol” por el nombre de tu empresa. Y después de hacerlo, dime: ¿qué has sentido en tu interior? ¿Se te han puesto los pelos de punta? ¿Para bien o para mal? Ya me dirás…

Y ya que estoy futbolera, y por si a alguien le gusta mi enfoque y decide contratarme como consultora-entrenadora, antes de hacerlo no estaría de más que recordara una frase de Juanma Lillo en su primer día como entrenador del Almería: “Tengo claro porqué nos echan a los técnicos: por perder. Lo que aún no sé es por qué nos contratan. Es un misterio como el de la Coca Cola”.

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