Kanikosen El pesquero: 1929 de actualidad

Hoy toca post denuncia, y conste que mi intención era un post pseudo-literario de los míos. Quería compartir aquí con vosotr=s una de las lecturas que me han acompañado este verano: una obra que pretende denunciar las condiciones de trabajo inhumanas que se daban en los barcos conserveros japoneses de allá los años 20.

Su título es Kanikosen El pesquero y no sé qué me decidió más a comprarlo, si la temática o las breves líneas en las que se describe la vida de su autor Takiji Kobayashi (resumo: trabajador de la banca, en 1926 empieza a colaborar con el sindicalismo y el comunismo; en 1929, con Kanikosen, se consagra como escritor del proletariado. Despedido del banco, empieza a ser perseguido y encarcelado. Sigue escribiendo bajo pseudónimo pero un topo le denuncia y la policía secreta, por las torturas, le acaba matando. Muere con 29 años, mártir del movimiento obrero japonés).

Inicialmente, mi idea era referenciar este libro con la quimérica idea de que no olvidáramos nuestro pasado reciente en lo laboral. 1929 no está tan lejos, seguirán viv=s algunos hij=s de aquellos que eran maltratados en el pesquero. Tanto se valoran algunos aspectos de las organizaciones y de la cultura empresarial japonesa, que no conviene olvidar tampoco sobre qué se construyó.

Pero ayer los informativos de Cuatro me han traído a Kanikosen El pesquero de golpe. Y me lo ha traído a hoy, a 2010, ya no a 1929. Pesqueros con verdaderos esclavos como tripulación. Pesqueros cuyos pescados consumimos hoy aquí, en Europa, en España dicen; en tu casa y en el menú del bar-de-polígono en el que comes a veces. Comemos pescado que ha sido pescado, limpiado y conservado en mejores condiciones que aquellos que lo han hecho posible.

Hoy toca post denuncia. Pero no frivolizo, no hablo de algo que siento lejano y sobre lo que es políticamente correcto manifestarse. La lectura, la literatura, te permite viajar, romper las barreras del tiempo y del espacio, estar en cualquier cultura o sociedad. Empatizar. Y por eso puedo decir que viajé en aquel pesquero Hakko Maru. Olí sus cangrejos, pescados en aguas frías de Kamchatka, también olí las heridas infectadas y sentí los golpes secos de los palos en espaldas ajenas. Limpié la suciedad de la carne muerta.

Yo estuve allí y me pareció horrible. Y durante unas semanas llegué a pensar que aquello había pasado, que aquel viaje acabó y que ya no volvería a subirme a un barco tan inhumano.

Pero hoy estoy de nuevo allí. No, perdón: aquí. Hoy. Sin frivolidades. Formamos parte de un sistema que tolera la existencia de estos barcos, de estos esclavos. Esclavos tratados como tales y que lo toleran todo por un jornal que ni cobran.

Kanikosen El Pesquero. De actualidad. ¿Estamos en 2010 o en 1929?

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