La construcción y dinamización de espacios de participación

20130424_133012Cuando hablamos de la conveniencia de desarrollar modelos de organización basados en la gestión participativa, cada cual se remite a su propio mapa mental que no está hecho más que de experiencias propias y de expectativas más o menos cumplidas. Pero por lo general se aprecia cierto escepticismo: tanto de las personas que han de  ceder control como de las personas que han de adoptar un papel activo -nuevo- en esa gestión que ahora se postula a ser participativa.
Desconfianza sobre el por qué ahora de compartir un ámbito hasta el momento reservado a unos pocos -utilizo el masculino intencionadamente-. Desconfianza sobre las capacidades reales de las personas para participar de la gestión. Miedo a perder poder. Miedo a hacerse responsable… sensaciones compartidas pero muchas veces sin la empatía que habría de sentirse con alguien que siente como tú.
La principal dificultad que aprecio para abordar una gestión participativa real y basada en la confianza mutua es la polaridad de las posiciones de partida. Siempre hay un otro, muy muy opuesto, al que se le presuponen intenciones ambiguas, al que se le presuponen maldades varias. En la empresa privada, se contraponen la propiedad y las personas trabajadoras, o el empresariado y la parte sindical. En el ámbito de lo público, también se percibe la escisión entre la administración y la ciudadanía, entre las instituciones y las personas usuarias de sus servicios.
Es fundamental encontrar espacios para el encuentro y para el conocimiento de las expectativas y necesidades de la otra parte, con la intención de acercar realidades y encontrar caminos y metas comunes. Siempre las hay. O es muy difícil que no las haya.
Hace unos días he podido ayudar al Ayuntamiento de Portugalete en la búsqueda de este espacio común que tiene que ir construyéndose poco a poco pero sin pausa. La encomienda que me hicieron, y que agradezco no solo por la confianza mostrada sino por su compromiso para con el proceso, fue la dinamización de un espacio de reflexión que tenía por objetivo recoger aportaciones de la ciudadanía sobre la estructura del espacio participativo futuro y sobre las vías de relación y de proximidad que podrían ser de utilidad. También quisimos saber cómo se veía cada persona en ese dar y recibir que tiene que haber en todo proceso de participación, se dé en un lugar o en otro.
Animo a empresas y organizaciones a replicar el método que diseñamos: no por contar con un gran número de personas hay que descartar procesos participativos para el diseño de una gestión participativa futura. Es posible generar conocimiento compartido y ordenado aunque enfrente tengamos a una masa. En el caso que comento, pudimos reunir a casi 100 personas y recoger la friolera de casi 400 aportaciones.
Ahora toca procesar las sugerencias, los inconformismos, las aportaciones más entusiastas y las más frías… Pero eso vendrá despúes. Para empezar, se ha conseguido trabajar de una manera eficiente con un grupo amplio de personas no siempre fácil de gestionar por su diversidad.
Jugamos con una metáfora muy visual -hacer un traje a medida, “el traje de la participación”- y diseñamos tiempos de reflexión grupales que tenían por objetivo definir aportaciones individuales. Lo que podría parecer una sesión dura de trabajo de tres horas de duración al final de un día laborable se convirtió en un espacio ameno y sereno y con un especial espíritu de trabajo.
Los maniquíes acabaron vestidos, como digo, por unas 400 aportaciones que ahora tendrán que ser valoradas. Es la siguiente fase.
El diseño de un modelo participativo tiene que serlo desde el principio, y en ésas anda el Ayuntamiento de Portugalete. Un reto bonito para mí el haber podido aportar mis saberes en la construcción y dinamización de un encuentro ambicioso como éste. Muchas gracias a quienes lo habéis hecho posible.
3 comentarios
  1. Izaskun says:

    Me gusta esa idea del mapa mental construido de experiencias pasadas… y no me extraña nada el punto excéptico de partida porque… ¿hay alguien que no haya vivido una experiencia participativa de las de olvidar? Yo recuerdo una de esas: te llega una orden de arriba, te nombran “miembro” de un equipo, te dejan un encargo desdibujado sobre el que trabajar y te marcan con quien hacerlo y cuando a pesar de todo, el equipo se empezaba a autorganizar para crear algo de valor, se olvidan del encargo y del equipo… Y como mucha gente ha tenido experiencias similares, se me ocurre que un buen punto de partida para emprender procesos participativos sería reconocer lo que NO es participación. Pero esto que cuentas suena bien y además, el proceso mereció la pena… ya nos contarás la evolución. Por cierto, muy recomendable el enfoque “participación genuina” de Eugenio Molini.

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  2. Julen Iturbe-Ormaetxe says:

    Creo que es muy útil pensar en la idea de participación en el origen, el proceso o los resultados (la idea se la cojo a la gente de Hobest). ¿Por qué? Porque estos grandes eventos de participación necesitan participación en el origen. La gente muchas veces va a un lugar que “otros” han montado. Sé que es difícil por los recursos que implica pero hay que pensar lo que nos jugamos con el fracaso de estas experiencias (que no digo eso en vuestro caso, quede claro) y el campo quemado que vamos dejando detrás. No sé cómo lo habéis montado pero yo daría un paso atrás e iría al principio de todo.
    Lo malo es que a veces, yendo ahí, caes en la cuenta de que los condicionantes en la relación ciudadanía-instituciones son salvajes.
    Ánimo, que esto no es fácil. Besos.
    Julen

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  3. ncuentra_silvia says:

    Podría ser el título de un novelón: “La insoportable rigidez de los modelos mentales limitantes de partida”.
    Dejo aquí la posibilidad de descargarse el libro de Moliní en el que profundiza en su idea de la participación genuina. http://molini.es/es/preguntas-mas-frecuentes/libro/
    Gracias Izas por dejar aquí tu experiencia y la recomendación.

    Y sobre lo que apuntas, Julen, de favorecer la participación desde el origen. Estoy de acuerdo, cómo no, y más si la sugerencia viene de Hobest. :)
    Sin embargo, me surgen problemas “operativos”: el colectivo originario “consultable” es muy grande, y cualquier criterio que quieras seguir para hacer una selección puede ser ya tachado de poco abierto y dirigido. Y si lo dejas infinitamente abierto, puedes llegar a encontrarte con un grupo de personas tan numeroso (ojalá se diera esto) que podría generarte la dificultad de cómo darle la palabra a todas (y luego que se hayan sentido escuchadas, también muy importan).

    Pero… más allá de esta dificultad práctica que seguro que tiene fácil solución, hay otra para mí casi filosófica: ¿dónde está el inicio, el origen? Siempre habrá un mínimo inicial que tienes que decidir tú misma en tu mismedad para pasar después a diseñar algo todo lo abierto que quieras. Quiero decir que el bucle en el que puedes caer para encontrar el origen del origen del origen puede ser interminable…
    Y dicho lo cual, y a pesar de ello, me quedo con tu/vuestra sugerencia: remontarnos hasta el origen y reconstruir desde ahí.
    … pero otro problema que le veo… A veces pienso que ya no hay un origen, ya está todo creado: o más que “todo creado”, la relación entre las partes ya está “pre-creada”. ¿O acaso podríamos provocar un borrón y cuenta nueva de los esquemas mentales (limitantes siempre, pero sé que con la potencialidad de ser enriquecidos) de todas las partes implicadas?
    … en el origen fue el verbo… ;)

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