La evolución del término: de la simple Conciliación a la Organización social corresponsable

Tener conciencia de la evolución de los conceptos es bonito; los ves nacer, cómo crecen y cómo en ocasiones maduran con las aportaciones que se hacen sobre ellos a lo largo de su vida.

En este sentido, hay una palabra cuyo uso, relativamente nuevo, nos moviliza el mapa mental que cada cual tenemos. Me refiero a la palabra Conciliación.

Y suelo decir que esta palabra tiene tres apellidos –de la vida familiar, personal y laboral-, al principio sólo tenía dos –familiar y laboral- pero era cuestión de tiempo que quienes no llevan sobre sus hombros una familia tradicionalmente entendida reivindicaran su derecho a conciliar cualesquiera que sean las facetas de su vida.

Conciliar supone compatibilizar, acoplar una esfera a la otra. Yo estoy convencida de que los límites que separan nuestras “diferentes” vidas no existen, pero seguiré conviviendo en paz y armonía con quienes sí lo perciban así. En mi opinión, somos un conjunto de esferas, de roles, pero no creo que seamos fruto de compartimentos-estanco que hayan de conciliar entre sí.

La cuestión es que al concepto Conciliación le ha salido un nuevo amiguito: Corresponsabilidad.

Conciliación parecía tener un sesgo profundo que lo asociaba a las mujeres, a esas que ¿ahora? han salido al mercado laboral y siguen manteniendo su peso doméstico.

Corresponsabilidad parece también tener cierto sesgo como de tirón-de-orejas para los hombres, ya que al hablar de co-responsabilidad parece que se está haciendo una llamada a su responsabilidad –dando por hecho que antes no existía ese compromiso-. O un sesgo culpabilizar para quienquiera que seas: “tienes que ser corresponsable, con esto, con aquello, con lo otro…”. O un recordatorio velado a las mujeres para que no descuiden su casa y sus familiares.

¿Pero y qué pasa con los gobiernos, con los estados, con las administraciones, con el tejido empresarial? ¿Sindicatos, organizaciones no gubernamentales, colectivos sociales, ámbitos educativos, servicios comunitarios? La conciliación parece ser cosa de las familias. La Corresponsabilidad también. ¿Cómo salir de este terruño de lo doméstico? Porque no podemos negar que lo que vivimos en nuestras casas, en nuestros entornos personales –teniendo o no hij=s, teniendo o no familiares dependientes a los que cuidar…-, es consecuencia del modelo social en el que nos encontramos.

Y parece que es aquí donde terminológicamente se da una progresión del concepto: surgen ya palabros tales como Conciliación Corresponsable. O incluso Organización social corresponsable, como lo hace el V Plan para la igualdad de mujeres y hombres – Directrices IX Legislatura. En este último término, con el mote “social” parece que ya estarían incluidos los diferentes agentes sociales –e individuales- intervinientes en esto del reparto del tiempo, de las tareas y de las responsabilidades.

Parece por lo tanto que no es cuestión de desechar conceptos sino de hacerlos evolucionar, de hacerlos más ricos y más útiles. Quien rechaza Conciliación por parecerle un concepto ya manido y con un significado limitado que pruebe a enriquecerlo: con estas fórmulas que ya surgen nuevas o con otras que puedan ponernos en la senda de lo justo.

Sí, hablo de justicia.

(Viñeta de Forges, al que estos días se homenajea en La Risa de Bilbao – Bilboko Barrea, Primera Semana Internacional de Literatura de Humor y Humor Gráfico)
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