La Teoría del Crecimiento con mis ojos de mujer

Como ya he comentado en otro post, gracias a Emakunde pudimos escuchar a Vicent Borrás Catalá hablar sobre “Políticas del tiempo” con motivo del pistoletazo de salida al Foro para la Igualdad “Nuevos tiempos para una organización social corresponsable”. Y me gustó que empezara Vicent diciendo que “habría que hablar de políticas del tiempo en lugar de hablar de políticas de conciliación”. Conciliar es aproximar dos opuestos y no hay dos opuestos que necesitemos acercar. El contrato social entre géneros dice que el hombre es el proveedor y la mujer la encargada de la casa; pero es un contrato social entre géneros, no dos opuestos que hayamos de vivir en nuestra indentidad personal.
Y me gustaría unir aquella Jornada con un debate que tuvimos en el Foro Itaca sobre la Crisis del Modelo de Crecimiento que, a simple vista cuesta verle la perspectiva de género, pero la tiene: todo lo económico, todo lo sistémico de nuestro modelo productivo, tiene género. Y es masculino.

Algun=s sabéis que uno de los trabajos que realizo se centra en intentar llevar a la empresa, tanto a la pública como a la privada, relaciones de equidad en esto de los géneros. Y a veces me cuesta hacer entender a quien tengo enfrente que es necesario replantearse síntomas como la escasa presencia de mujeres en la parte alta de la pirámide -en los organigramas modernos, creativos, sigue habiendo pirámide-, como el impacto negativo y perverso que tiene la reducción de jornada en la posición social en la empresa o como la insatisfacción en las personas por los ritmos y los horarios de trabajo que se dan.

Vicent ayuda a entenderlo, y estoy pensando en comprarme un Vicent, metérmelo en el bolso y sacarlo allí donde sea necesario y darle al Play para que suelte por esa boquita…

Vivimos en una sociedad donde el tiempo de trabajo es central y está argumentado en clave mercantil o, lo que es lo mismo, en clave masculina. Confundimos el bienestar con el bienestar material, y éste sólo es accesible si trabajamos. Luego ya estamos en el bucle…

“El trabajo es masculino y la fatiga es femenina”. Tremenda frase. El tiempo de vida femenino no responde a criterios de racionalidad económica -o masculino productivista-. La producción por la producción, el crecimiento o la presencia interminable en el puesto de trabajo son características habituales en nuestros entornos empresariales. Y se penaliza a quien no entra en este juego. “Tienes que participar en el proyecto, tienes que sentirlo y comprometerte, ¡todo por la empresa!”, se dice desde arriba. Y otra vez la centralidad del tiempo de trabajo, otra vez el presentismo, otra vez volvemos a empezar…

Y ahí no encajan las mujeres, parece ser. Nos dicen que, en Bancaja por ejemplo, se afirma que las mujeres son las que no quieren promocionar porque a las 15h quieren irse a su casa y los hombres, que parece que no les importa tanto quedarse despúes, acaban jugando todos los boletos del sorteo de la promoción y el ascenso. ¿Hay que preguntarse por qué las mujeres se quieren ir a las 15h? ¿No sería mejor preguntarse por qué a los hombres no les importa quedarse? Quedarse pá ná es tontería, pensarán ellas, eficientes, si creen que su trabajo ya está hecho. ¿O es que se trata de hacer una carrera hacia el infinito, hacia la producción cada día mayor, sin tope ni techo?

Cada día hay más puestos con menos confiabilidad en el horario: no hay horarios fijos de entrada y salida, aunque en el contrato firmado sí que aparezca. Ahora nos dicen que trabajamos por objetivos y que el horario es lo de menos; y este enfoque sería el adecuado si nos sirviera para intensificar nuestro ritmo laboral, conseguir objetivos en un tiempo determinado y “me voy a casa”. Sin embargo, en las empresas con un modelo de crecimiento constante esto no sirve. Si lo que antes hacías en ocho horas ahora lo haces en siete ¿por qué no te sigues quedando ocho y así haces un poco más que antes? ¿O nueve, y consigues más?

En nuestro imaginario tenemos el 8×3: 8 horas de trabajo, 8 horas de ocio, 8 horas para dormir. ¿Podríamos decir que este imaginario es masculino? Porque en este modelo de 8×3 no se habla del cuidado, de las responsabilidades familiares, de la vida doméstica… ¿Tenemos en realidad 8 horas de ocio?… Y una frase lapidaria que hemos oído muchas veces a un hombre cuando el lunes, en el trabajo, le preguntan: “¿Qué has hecho este fin de semana?”. A lo que él responde: “Nada, estar con los niños”. Nada; eso parece que hacemos cuando ocupamos un tiempo doméstico que creemos que no nos corresponde y que no nos aporta.

La hora de la salida del trabajo es un trabajo fundamental para que los hombres transiten hacia el cuidado. El presentismo de nuestra cultura es la lacra en este estado del bienestar que en realidad es un estado de bienestar débil.

Las empresas deberían asumir como propio el compromiso por las luces apagadas a una hora prudencial; a la calle todo el mundo a la vez; penalizar de verdad el presentismo y no dejarlo sólo en un discurso políticamente correcto de “Aquí no se valora el estar por el estar“, cuando de verdad sí es así. Animar a los hombres de su plantilla a que disfruten de los permisos familiares. Dar permisos de paternidad más largos…. Pero no, claro, le necesito aquí produciendo…

Falta consenso social: en ese crecimiento por el crecimiento nadie quiere quedarse rezagado. En Finlandia, por ejemplo, juegan al 6+6: dos personas trabajan en turnos de 6horas y la empresa está abierta 12h ininterrumpidamente. Pero aquí, en nuestro entorno, nadie quiere trabajar menos si lleva aparejado ganar menos. Preferimos ganar lo mismo, o cada vez más si es posible, a costa de estar más tiempo en la empresa aunque ese tiempo haya dejado de ser productivo y no le reporte nada valioso ni a la persona ni a su empresa. Sólo valoramos las horas del día que tienen una contraprestación económica. Y ahí tenemos a las mujeres, pidiendo reducción de jornada, lo que en la mayoría de los casos provoca ganar menos para seguir produciendo lo mismo porque no hay traspaso de carga de trabajo a otra persona; compran un horario, no una reducción real de jornada.

Y luego claro, el peso nada valadí de la industrialización -que ha buscado y busca el crecimiento constante- tiene su peso en nuestro proceso de socialización y promueve valores masculinos: el trabajo visto en clave mercantil parece que ha de ser únicamente racional: “las mujeres no pueden tomar decisiones porque ellas están más en el mundo de las emociones”. Bueno, a esto podría respondérsele que los hombres, esos gobernantes de estados y empresas, han tomado decisiones sin emociones, y hoy estamos donde estamos. .. hablando de crisis económica, crisis medioambiental, crisis bélica, crisis del estado de bienestar … a la base de todas las crisis, la ambición y el grito de “A por ellos!“.

En fin, todo un panorama… ¿Quién dijo que no hay margen para el cambio?

Y dejo por último tres comentarios de Vicent que no quiero olvidar: (1) Sobre los permisos de maternidad/paternidad: han de ser igualitarios en duración, instransferibles y no simultáneos para que no se pervierta su uso. (2) Es un mito perverso decir que la problemática de la conciliación se ha suscitado desde la incorporación de la mujer al mundo laboral. Siempre se ha estado ahí, solo que en la economía sumergida. No es en España hasta 1985 cuando se empieza a reivindicar una presencia realmente reconocida. (3) Se hace necesario establecer un nuevo contrato social entre Estado, Familia y Mercado.

Ahí es ná…. ¿Hablamos ahora de cascabeles y gatos?

3 comentarios
  1. Anonymous says:

    Muy buenas Silvia. Andaba yo buscado trabajo y he ido a parar con tu blog..lo que son las redes. El caso es que me gusta mucho lo que dices y cómo lo dices. ¡Un placer encontrarte! Te seguiré en lo sucesivo.
    Un saludo.
    Nicolás.

    Responder
  2. Fer says:

    Hola Silvia, estoy totalmente de acuerdo contigo, aunque me sigue pesando (no se si por ser hombre ;) que para poder comprarte una casa decente tengas que trabajar como mínimo, las mismas horas que los demás… En mi opinión, sería mejor de 8 a 4 para todo el mundo todo el año.

    Responder

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>