¿Quieres hormigas en tu organigrama? Lee antes a Ramiro Pinilla

Tengo una debilidad, que es la Literatura. Y dentro de ésta, tengo otra debilidad, que es Ramiro Pinilla. Un genio vivo al que me unen demasiadas cosas y a la vez casi ninguna; qué más quisiera yo.
Este verano he leído, por fin, Las ciegas hormigas. Con ella ganó el Premio Nadal de 1961 y el Premio de la Crítica. Era su primera novela. Y la traigo a mi blog porque se lo merece, y porque yo lo digo.

Hablaros de Sabas Jáuregui, el protagonista, es hablaros de una fuerza vital que empuja a las personas -sólo a ciertas personas- hacia el trabajo y sus objetivos que han de ser alcanzados porque para ello han sido formulados.

Hablaros de Sabas Jáuregui es hablaros de la severidad con la que hay quien se identifica con su trabajo, con su misión en este mundo que le ha tocado vivir. Con el modo en el que se arrastra a los demás hacia una meta incomprendida ya muchas veces al final y que se cobra sus vidas por el camino.

La novela se ambienta en Getxo, donde un carguero inglés encalla y vuelca su carbón sobre las rocas del acantilado de la Galea. Sabas buscará recoger más carbón que el resto de vecinos y no se rendirá en esta guerra en la que hay sucesivas batallas: recoger el carbón, esconderlo para no ser detenido, burlar las envidias ajenas… y arrastrar a todos y cada uno de los miembros y miembras de su familia en esta vocación hacia el trabajo.

Hay necesidad de carbón, de calor para el invierno, en su afán; pero hay sobre todo una necesidad personal en la confirmación del sentido de la vida. ¿Tal vez el trabajo?

Tiene consecuencias su comportamiento y su actitud, y eso hace de esta novela que vayas leyéndola con una angustia permanente en el estómago o en la garganta, según donde dejes que te agarre la mano de Don Ramiro.

No es casualidad que Sabas sea un hombre de caserío, pienso cuando lo leo. ¿Es verdad que es la vasca una sociedad con espíritu de sacrificio en lo que al trabajo se refiere?

Sabas le habla a Ismael, su hijo pequeño, de las hormigas. “Siempre siguen adelante. Tropiezan y se levantan. Están preparadas para vencer todo lo que les pongan delante. Son invencibles. Han sido creadas con esa consigna y la cumplen”.

Y esta filosofía de las hormigas se la aplica Sabas, sin saberlo y sin quererlo, y lo que también es muy probable: sabiéndolo y queriéndolo. Pensarse ser creado para algo, y cumplirlo.

Te invito a pensar si a tu alrededor hay alguien con esta capacidad. Y, si la hay, a valorar las consecuencias propias y ajenas de su forma de ser/trabajar.

Hay empresas que pagarían por poder componer sus plantillas de hormigas ciegas, en huída hacia adelante. Pagarían por que fueran Jefes de Equipo. Las consecuencias no tardarían en hacerse notar: os invito a conocer a cada una de las personas que forman parte de la familia de Sabas, y qué consecuencias tienen en ellas ser dirigidas por él del modo en el que lo hace.

Una fábula que os animo a leer.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>