Responsabilidad empresarial y responsabilidad personal

El otro día pude ir al Teatro Arriaga a ver la obra de Arthur Miller “Todos eran mis hijos”. El tema, maravillosamente tratado, no era otro que el de la asunción de las responsabilidades En este caso, la responsabilidad que existe cuando se toman determinadas decisiones en el marco de una empresa; unas decisiones que, en este caso, se lleva por delante vidas humanas. Te recomiendo que veas estos tres minutos del trailer. Hay escenas duras, con textos que duelen.
Sentí algo así como un deja-vu al ir recordando, a la salida del teatro, noticias que suceden en nuestro barrio/pueblo/ciudad/país y que nos acercan a personajes realmente bochornosos que, tras una forma jurídica, cejan de su responsabilidad empresarial -y hasta humana cabría decirse-.El empresario que deja a su empleado tirado en la puerta de un hospital después de haberse amputado un brazo en el trabajo. Personas heridas y muertas por no cumplir su empresa con la Ley de PRL. Camioneros que se ven obligados a doblar turnos y causan o se ven involucrados en accidentes de trabajo por cansancio o por no haber podido dormir. France Telecom, con sus suicidios inducidos como forma aberrante de reducir plantilla.

Casos extremos sí, porque en ellos está la evidencia de la muerte. Innegable, una muerte.

¿Pero qué hay de esas otras formas de enfocar el negocio que no tienen consecuencias tan “evidentes” como una muerte? Acosar, desestabilizar emocionalmente, cargas de trabajo inasumibles en el tiempo laboral, discriminaciones que lastran toda una vida, dedos que no tiemblan cuando despiden a pesar de haber probablemente otros caminos intermedios antes de llegar a un despido.

Empresas con sus planes de RSE y sus Memorias de sostenibilidad. O empresas más discretas que no tienen ese tipo de planes, con la ISO es suficiente, pero que patrocinan la carrera de su pueblo. Rascando en su modus vivendi, vemos que tienen asumidos estilos inhumanos de muros para dentro.

Empresas que disponen de un discurso políticamente correcto en cuanto a responsabilidad empresarial hace referencia, pero que luego agachan la cabeza, y la entierran como las avestruces para no ver y no asumir las implicaciones que en las personas de su empresa tienen sus decisiones. O en sus clientes.

No me resisto a exponer aquí, también, lo que para mí es otro ejemplo más de responsabilidad-no-asumida con el que estoy lidiando en los últimos meses. Y no es otro que la dejadez por asumir un compromiso-no-tramposo-con-la-LISMI con las personas con discapacidad. Dirijo un estudio para Ehlabe que busca conocer la situación laboral de las mujeres con discapacidad intelectual y enfermedad mental en la CAPV. Y hay un buen número de agentes sociales-económicos-sanitarios y empresas -es decir, todo chichipirichi- que tienen asumido e interiorizado que de las personas con discapacidad y otros problemas han de encargarse las Empresas de Inserción, las Empresas de Trabajo Protegido. Casi exclusivamente estas Empresas. Algo así como “que para eso están”.

Y yo me quedo ojiplática, porque no entiendo estos balones-fuera de algunas agencias de desarrollo local, de algunos servicios sociales, de algunos centros de salud mental, de algunas empresas, de algunos sindicatos…

Madres y padres que dirigís/gestionáis empresas y otras organizaciones: ¿estarían orgullos=s vuestr=s hij=s del modo en el que lo hacéis? Suponiendo que no estén aún educad=s en el mercadeo y la desidia, digo… Chris Keller, hijo de Joe Keller -un empresario que es absuelto en por vender piezas defectuosas para aviones de guerra, sabiendo que están defectuosas, provocando la muerte de los pilotos-, lo deja muy claro en “Todos eran mis hijos”. El hijo frente al padre. Responsabilidades y justificaciones.

Y me quedo con un texto de otro personaje George Deever -hijo del socio de Joe, que sí cumple condena por ese mismo delito de las piezas defectuosas-: “A veces trato de acordarme del hombre que yo quería ser”.

Empresari=s del mundo: traten de acordarse de las personas que querían ser. Y cuestiónense: ¿lo son?

Lo siguiente es pensar que aún no es tarde.

3 comentarios
  1. ncuentra_silvia says:

    Sólo era de jueves a domingo, creo. Yo fui el viernes y hubo llenazo.
    Y sabes? Quedará pedante o incluso un poco casposo lo que voy a decir pero…. tengo que decirlo: “es un post que me gustaría no haber tenido que escribir nunca”. Cursi, sí, ¿y? Gracias Txema.

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  2. Alfonso Vázquez says:

    Muy impactante, Silvia. Nostalgia, porque yo vi la obra de Miller cuando era un “chaval” –y creo que tengo el texto en este batiburrillo que es mi biblioteca personal-, y rabia, porque el tema sigue siendo absolutamente actual.
    Del contrato de alquiler de “la fuerza de trabajo” –eufemismo para no decir, directamente, del “cuerpo” de trabajo- se ha ido deslizando el contrato al dominio de toda la corporeidad del trabajador o trabajadora: Así como el soberano tenía el derecho sobre la vida y muerte del súbdito, la ORGANIZACIÓN, en aras a su bien supremo (el beneficio), tiene bula para ejercer su poder sobre el cuerpo y la mente, sobre el presente y el futuro, del “empleado”. Es lo que algunos denominan el “biopoder”, que ni los feudales ni los esclavistas ejercieron.
    Tenemos un gran problema, pero habrá que abrir brechas para encontrar soluciones. Tus aportaciones contribuyen a ello, gracias, Silvia.

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